Adivasi Drum

Sumud (traducido por Tlaxcala)
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Ayuda médica para los aborígenes en resistencia de la India (traducido por Nancy Piñeiro - Tlaxcala)

La globalización ha convertido a la India en una mina de oro para las corporaciones transnacionales. Las cien familias corporativas que deciden sobre la vida de mil millones de personas han derribado todas las barreras de protección para que el capital entre y salga libremente, se supone, en beneficio del desarrollo.

En primer lugar, el gobierno indio otorgó vastas porciones de tierra en el cinturón rico en minerales que se encuentra en el sudeste asiático a compañías mineras e industrias pesadas con contratos de miles de millones de euros. Llegan para explotar los recursos naturales y dejan poco más que contaminación y recursos agotados. Sin embargo, sucede que en la tierra de la que desean apropiarse viven personas, en su mayoría, sin títulos de propiedad: los adivasis, que en hindi significa ‘antiguos habitantes’. Son los más pobres entre los pobres, se hallan excluidos de la sociedad de castas, como los intocables (dalits), pero a diferencia de éstos últimos, los adivasis viven en áreas antes remotas, en las junglas, que eran su medio de vida para la subsistencia.

Por lo tanto, para las empresas hay una única solución: echarlos de sus tierras como lo hiciera su predecesor, el entonces capitalismo en evolución, con los campesinos europeos y los aborígenes de América. En la última década, cientos de miles de adivasis han sido víctimas de la persecución, lo que no sólo destruye sus medios de vida sino que además lleva a su antigua cultura al límite de la extinción.

Pero la resistencia sigue creciendo. Mega proyectos se encuentran interrumpidos porque los adivasis se niegan a evacuar sus tierras, y otros sectores de la población se están sumando para defender sus medios de vida del apetito depredador de las corporaciones. Cuando las promesas baratas del estilo de las que empleaban los colonizadores en América del Norte ya no funcionan, se emplea la fuerza bruta. A su vez, las protestas pacíficas se convierten en una defensa violenta. El movimiento armado maoísta está en rápida expansión y ha tomado el liderazgo de los adivasis, por lo menos en los puntos más candentes del conflicto. El gobierno organizó una milicia irregular llamada Salwa Judum (“cacería de purificación”), cuya base la integran los estratos privilegiados de la sociedad adivasi, que han estado masacrando a quienes resisten, prendiendo fuego a sus aldeas y obligándolos a huir. Cientos de miles de adivasis desplazados fueron recluidos en campamentos.

Finalmente, los adivasis huyeron también de los campamentos, para internarse en la jungla y engrosar las filas de los maoístas. Hacia el año 2009, Salwa Judum estuvo a punto de desintegrarse y varias fuerzas paramilitares con ayuda y entrenamiento del Ejército indio ocuparon su lugar y llamaron “Cacería verde” a la guerra que iniciaron contra los pueblos nativos.

Mientras tanto, el doble impacto de la intromisión globalista y la resistencia popular cambió de manera irreversible la sociedad adivasi. Al tiempo que se oponen al desarrollo capitalista en la manera en que lo aclaman las clases altas y la elite mundial, los adivasis abogan por un desarrollo hecho por las masas populares, y para ellas. En los lugares más remotos se están iniciando proyectos colectivos de agricultura y trabajo artesanal. Por primera vez, los maoístas otorgan educación en lenguas adivasis, lo que obliga al gobierno a seguir el mismo camino. También se está implementando la administración de poder por parte del pueblo; esto les permite a las mujeres apartarse de su tradicional papel inferior.

Otros sectores pobres y oprimidos están siguiendo ese ejemplo, dado que la globalización capitalista es una amenaza absoluta. El ejemplo de Posco, una corporación de la industria pesada de capitales surcoreanos y norteamericanos que planea realizar la mayor inversión única de unos diez mil millones de Euros, ilustra la situación general. Posco planifica la construcción de una planta de acero, junto con un puerto de aguas profundas y una mina de hierro en Odisha, en la costa este. Mientras que el gobierno promueve el proyecto como un desarrollo que finalmente aumentará el bienestar de todos los indios, el movimiento popular se opone a él con rigor: los adivasis que luchan contra las minas en sus tierras; los pescadores, ya que el puerto destruirá los bancos de pesca; los campesinos sin títulos de propiedad cuyos medios de vida están siendo arrasados, y las personas en general, que temen que las industrias acaben con los pocos recursos de agua. Ellos ofrecen como contrapeso su desarrollo popular, frente al de las grandes empresas.

A medida que la lucha se intensifica a causa de la crisis financiera mundial, el gobierno tilda cualquier oposición de terrorista; ya sea la que ejerce la minoría musulmana, en la mira del chovinismo hindú auspiciado por el Estado, o la de los movimientos de liberación nacional en Kashimir o el noreste, ya sea la de los adivasis o los dalits. Empleando el paradigma occidental de la guerra contra el terror, la autoproclamada democracia más grande del mundo está enjuiciando a todos aquellos que se atreven a ejercer los derechos democráticos que les corresponden formalmente. Incluso el escritor contemporáneo más importante de la India, Arundhati Roy, que visitó a la resistencia armada adivasi para informar sobre sus motivos de lucha, está amenazado con pena de prisión.

En Sumud, como asociación voluntaria, queremos apoyar de manera concreta y práctica la justa lucha de los aborígenes indios por la supervivencia, dando respuesta a su pedido general de ayuda en los proyectos autónomos y populares de desarrollo. No sólo porque tenemos un deber moral de repudiar la repetición del genocidio colonial perpetrado por la civilización capitalista occidental en todas partes del mundo, sino además porque en última instancia, también nos vemos afectados por la globalización y necesitamos unir fuerzas con la resistencia mundial.

El acceso a las áreas de resistencia de los adivasis, del tamaño de países europeos enteros, está bloqueado por el gobierno. Por lo tanto, nuestros amigos y socios de “ADIVASI DRUM”, una organización comunitaria colectiva que opera en el estado sureño de Andhra Pradesh, propuso emplear un proyecto médico móvil en los márgenes de las zonas de conflicto. Si esto es posible o no, depende también de nuestra capacidad de lanzar una campaña política tanto en Europa como en la India.

A comienzos de 2011 pretendemos enviar una pequeña delegación para llevar las primeras medidas de asistencia y probar en el lugar las posibilidades de iniciar una actividad conjunta con los grupos de Adivasi Drum. En el futuro, nuestra intención es que el proyecto crezca.

Qué necesitamos:

• Personal médico, lo que incluye doctores que estén dispuestos a trabajar con personal de la zona.
• Cobertura periodística y multimedia (fílmica y fotográfica).
• Varios miles de euros en donaciones para la adquisición de medicamentos producidos en el lugar.

Los voluntarios pueden escribir a: info@sumud.org
Las donaciones pueden realizarse por transferencia bancaria a:
Sumud
Banca Popolare Etica
IBAN: IT19U0501802800000000127032
BIC: CCRTIT2T84A

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