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México ante la marcha zapatista: Réplica y Respuesta

7. March 2001

Mà©xico, Marzo 2001

(de Alberto Hà­jar)

Los expertos en sismos llaman rà©plica al movimiento posterior a la gran conmocià³n. La rà©plica es previsible, asusta poco aunque en ocasiones excepcionales puede tener mayor intensidad que el movimiento primero y originario. Igual ocurre en los movimientos sociales econà³micos y polà­ticos. Esto lo saben los expertos en contrainsurgencia que procuran controlar dentro de los là­mites favorables al estado, los cataclismos populares.
Rà©plicas son las movilizaciones del presidente Fox para contrarrestar la marcha de los veinticuatro comandantes del EZLN. En cuanto foro se ha presentado, habla sobre la justicia de la marcha, sobre la paz inminente a la que debe conducir. Esto lo alterna con presentaciones ante pobres indios que ni siquiera lo entienden, pero esto no impide que la prensa y las televisoras reproduzcan las promesas de salud integral y de atencià³n a sus carencias sociales. Todo esto constituye un discurso altamente confuso. El pueblo que no tiene otra opinià³n que la impuesta por las televisoras, las radios y la prensa al servicio del poder, ve a su presidente en mangas de camisa y en escenarios coloridos semejantes a los del EZLN, decir en tono coloquial alabanzas a los indios y hasta al EZLN, lo cual lo impacta hasta el punto de creer en la paz presidencial.
Las televisoras hace su juego con una alianza sorprendente a partir de una tregua en su constante disputa del rating y son sus consecuencias publicitarias multimillonarias. El llamado Concierto por la Paz, ampliamente promocionado, es una rà©plica de alto poder. Los anuncios son conmovedores para quienes no tienen más referencias que las de los videoclips y la poà©tica de Hollywood. La esperanza en la paz es una niña vestida de blanco que deja ir a una paloma en medio del estadio Azteca, máxima sede del futbol mercantil. Los anuncios son reforzados por imágenes de niños corriendo en cámara lenta, todos de blanco y con frases tiernas sacadas del catálogo de los lugares comunes del humanismo burguà©s.
Nada de esto resta interà©s público a la marcha zapatista. Pero salvo la respuesta de Marcos a los insultos ya amenazas del gobernador de Querà©taro, el EZLN mantiene su tradicional postura de ignorar lo que les pasa a los demás. Apenas hizo mencià³n a los dos presos polà­ticos de Querà©taro, encarcelados a raà­z de su ataque a una comitiva presidencial sin mayores consecuencias. Pero de la golpiza a las organizaciones que protestaron contra el Foro Econà³mico Mundial reunido en Cancún donde, una vez más, el gobierno llamà³ a atender a los pobres como mero acto retà³rico frente a los administradores más poderosos del mundo, el EZLN nada dice mientras Fox reprueba a la policà­a de Cancún. Aquella pinta en San Cristà³bal el 1 de enero de 1994 denunciando la condena a muerte de los indios por el Tratado de Libre Comercio, ha sido olvidada y ahora todo lo que importa es la Ley Cocopa, resultante de los Acuerdos de San Andrà©s sobre cultura y derechos indios, incumplida despuà©s de su firma por el gobierno de Zedillo ya ido. Nada tampoco sobre la marcha de los indios de Guerrero para exigir libertad a sus presos y noticias sobres sus desaparecidos.
Crece el fervor zapatista. Se acercan a la capital del paà­s. Organizaciones sociales, unas improvisadas sobre la marcha, disputan el honor de atender a los veinticuatro comandantes y a sus colaboradores cercanos. Fox replica reuniendo en la sede presidencial a representantes de ONGs que cumplen al pie de la letra la descripcià³n de Petras de no tener más misià³n que restarle al estado la responsabilidad de atender al pueblo para con ello legitimar el neoliberalismo y la privatizacià³n acelerada de todo lo que fueran derechos y ahora son servicios en compra y venta. Por ahà­ ya se sugiere que en lugar de la definicià³n negativa de no gubernamentales, esas organizaciones sean definidas como organizaciones sociales. El gobierno promete acrecentar las ayudas, ellas por su parte se comprometen a rendir buenas cuentas de sus filantrà³picas y caritativas misiones en nombre del humanismo burguà©s. Esta rà©plica al zapatismo evidentemente contribuye a envenenarle el agua de la solidaridad.
Los preocupados por las presiones para deponer las armas ahora en resguardo en San Cristà³bal, tiene ya la pista de lo que ocurrirá en la insistencia de Marcos de que su marcha no es por la paz, sino por el diálogo sà³lo realizable si se cumplen las tres señales: libertad a los (sus) presos, desmilitarizacià³n y no sà³lo reposicionamiento y aprobacià³n por las Cámaras de la Ley Cocopa (de la Comisià³n de Concordia y Pacificacià³n con la que hay contacto).
Pero lo que no parece haber es respuesta civil más allá de la solidaridad momentánea ciertamente importante. Para esto, tendrà­a que superarse el civilismo y entrar a la politizacià³n del conflicto con todo lo que esto implica.

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