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México: Guerrilla latente

21. May 2001

Josà© Gil Olmos, Revista Proceso

Consumada la aprobacià³n en el Congreso de una reforma indà­gena insatisfactoria para el zapatismo, que la califica como “traicià³n” y que condujo a la ruptura con el gobierno de Vicente Fox, la reactivacià³n de otros grupos guerrilleros está latente.
“Con esta reforma –advirtià³ el subcomandante Marcos en el comunicado que emitià³ tras la decisià³n del Congreso–, los legisladores federales y el gobierno foxista cierran la puerta del diálogo y la paz, pues evitan resolver una de las causas que originaron el alzamiento zapatista (y) dan razà³n de ser a los diferentes grupos armados en Mà©xico al invalidar un proceso de diálogo y negociacià³n.”
En efecto, pese a que Fox asegura que la guerrilla en Mà©xico “ya se acabà³”, la operacià³n de 10 grupos insurgentes en más de la mitad del territorio nacional está documentada.
Aunque despuà©s de las elecciones del 2 de julio del año pasado se mantuvieron cautos, sobre todo ante la posibilidad de que el EZLN llegara a un acuerdo con el nuevo gobierno, una vez aprobada la reforma indà­gena se abrià³ la posibilidad de nuevas hostilidades.
“No queda otra và­a que no sea la democrático-revolucionaria”, advirtià³ la Tendencia Democrática Revolucionaria del Ejà©rcito Popular Revolucionario (EPR), en un comunicado dado a conocer el martes 1…º de mayo, Dà­a del Trabajo, y el mià©rcoles emitià³ otro en el que respaldaba la ruptura del zapatismo con el gobierno por no cumplir su palabra.
“A juicio de muchos, quizá sea demasiado pronto para declarar inútil el sistema de alternancia que dio lugar al derrumbamiento del rà©gimen de partido de Estado, pero es cada vez más evidente que los cambios democráticos que la nacià³n requiere no vendrán de arriba”, juzga el EPR-TDR.
“Es decir, ni de la clase polà­tica ni de sus instituciones, sino del pueblo, en la medida que à©ste se organice y luche para constituirse en un nuevo poder que pugne por dar cabal cumplimiento a sus legà­timas aspiraciones.”

“LA GUERRILLA ¡YA SE ACABO!”
Hasta 1990, el general Mario Arturo Acosta Chaparro, en su informe “Movimientos subversivos en Mà©xico” registrà³ 40 agrupaciones armadas en el paà­s que actuaban de manera clandestina.
Pero a partir de 1994, con la irrupcià³n del EZLN, reaparece la guerrilla en el paà­s, a pesar de los duros golpes recibidos en los 70. De la aglutinacià³n de 14 de estos grupos surge el EPR el 18 de mayo de 1994 -según su à³rgano de difusià³n “El Insurgente”–, y luego emergen el Ejà©rcito Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), el Comando Justiciero 28 de Junio, Ejà©rcito Villista Revolucionario del Pueblo (EVRP) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP) -que juntas han formado la Coordinadora Nacional “Josà© Marà­a Morelos y Pavà³n–, además del Ejà©rcito Justiciero del Pueblo Indefenso, el Movimiento Insurgente del Sureste (MIS), el Frente Amplio del Sur (FAS), y el Ejà©rcito de Liberacià³n del Sur.
Las operaciones de estos grupos se extienden a las zonas pobres urbanas y rurales del Distrito Federal; y los estados de Mà©xico, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Puebla. En la regià³n de las huastecas, que incluyen a Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosà­ y Tamaulipas; además de Tabasco, Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Jalisco, Nuevo Leà³n, Baja California y Chihuahua.
El historiador Carlos Montemayor explica que tenemos la costumbre de pensar que los movimientos armados son el inicio o el origen de la inestabilidad o de la violencia social cuando, en realidad, son la fase final de un largo proceso de deterioro social que se expresa por el hambre, la marginacià³n, el analfabetismo y el desempleo.
“Por lo tanto -resume– los movimientos armados son una manifestacià³n final de ese proceso y se proponen no iniciar la violencia social, sino al contrario, suspenderla.”
Mientras que para Salvador Castañeda, uno de los fundadores de Movimiento de Accià³n Revolucionaria (MAR), en 1969, la idea de la desaparicià³n de estos grupos por el cambio democrático proclamado por Fox es una “utopà­a” mientras no se transformen las condiciones que los generaron.
Asà­, a pesar del conjuro que el presidente Vicente Fox lanzà³ el 24 de abril en Acapulco –“La guerrilla ya se acabà³ en Mà©xico. Ya estamos en paz, tranquilos ¡Ya hay paz!”–, o tambià©n las del comisionado para la paz, Luis H. Alvarez, de que “para el Ejecutivo está definitivamente cancelada la opcià³n de la violencia”, la guerrilla en Mà©xico está viva.
La visià³n gubernamental tambià©n choca con la respuesta de Magdalena Gà³mez –exfuncionaria del Instituto Nacional Indà­gena (INI) y asesora del gobierno en los diálogos de San Andrà©s hasta su renuncia en 1998 por diferencias con el entonces presidente Ernesto Zedillo–, sobre cuál será la lectura que darán otros grupos armados al rompimiento de negociaciones del EZLN con Fox.
“Es de imaginarse que los otros grupos armados están atentos a lo que pasa en este proceso, porque finalmente el golpe que le dan es profundo y no es sà³lo al EZLN, sino a la posibilidad de recuperar la và­a polà­tica en todo el paà­s para resolver los problemas nacionales. En la medida en que se fortalezca la opcià³n democrática, se aleja la posibilidad de recurrir a la và­a armada. Es realmente preocupante”, expresa.
Los grupos armados tambià©n ven distinto al gobierno y se reagrupan donde tienen presencia y actividad.
Atentos a lo que ocurre con el EZLN y el gobierno de Fox, el EPR en su Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR) ya manifestà³ su apoyo “fraternal” a los zapatistas en un comunicado publicado el pasado 2 de abril como parte del rechazo a la reforma constitucional indà­gena aprobada por PAN, PRI y PVEM en el Congreso de la Unià³n.
A pesar de que el deseo del Gobierno federal es desactivar a los grupos armados que actúan en 17 estados mediante la Ley de Seguridad Nacional que se debatirá en el Congreso en breve -según lo sospecha el grupo fundador del EPR en el reciente número de su à³rgano “El Insurgente” de marzo-abril–, los eperristas “duros” sostienen que ellos se están reagrupando y fortaleciendo.
Al cabo de Primer Congreso Nacional que concluyà³ en febrero pasado, uno de los comandos polà­ticos militares del EPR manifiesta: “Nos volvimos a insertar en la vida polà­tica nacional con nuestro accionar”.
El comando eperrista explica que en dicho Congreso el Partido Democrático Popular Revolucionario (PDPR) dio posiciones “claras y firmes” para continuar con su desarrollo, a pesar de las fuertes escisiones que tuvieron desde 1998, y que ello “significà³ un està­mulo para los militantes y colaboradores al participar en la distribucià³n de la propaganda”.
Asà­, mientras el presidente Fox afirma su desaparicià³n, el EPR, uno de los grupos guerrilleros que el gobierno considera más radicales, en contraste habla del “fogueo” y de las “nuevas experiencias polà­tico-militares” que han adquirido últimamente a travà©s de los actos de propaganda “en casi la mitad de los estados de la República”.
“Aprendimos a valorar al enemigo sin subestimarlo y evadimos la vigilancia burguesa (……) En el aspecto militar se realiza el estudio táctico del enemigo con base en nuestras capacidades. Estudiamos la capacidad de respuesta de los cuerpos policiacos. Podemos estudiar los nuevos operativos realizados por el estado en nuestra contra. Esta enseñanza que hemos adquirido ahora y que estamos dando a conocer a todos los compañeros, está escrita con el fin de lograr nuestras experiencias, esperando contribuir al desarrollo de nuestras capacidades polà­tico e ideolà³gicas”.
Inclusive, convocan a nuevas formas de fortalecimiento de relaciones con sus compañeros de distintos lugares del paà­s:
“Llamamos a la militancia y combatientes que en otros lugares de nuestra patria realizan sus tareas partidarias, a que hagan un espacio de su preciado tiempo para transmitirnos sus experiencias polà­tico-militares, las cuales den como resultado un desarrollo en nuestras capacidades tà©cnico operativas y juntos en la accià³n y el pensamiento, como un solo hombre, avancemos en el progreso de homogeneizacià³n y consolidacià³n de nuestro partido y ejà©rcito”.

LOS RIESGOS DEL FRACASO
Con poca diferencia de tiempo el vocero del EZLN, Marcos, ha mencionado en dos ocasiones el peligro de la reactivacià³n de otros grupos armados más radicales si fracasan las negociaciones con Fox.
“Si nosotros fracasamos en la và­a del diálogo -y nos estamos refiriendo al EZLN y a Fox–, la señal va a ser clarà­sima para los movimientos más radicales (……), pues esto para ellos significa arriar banderas, significa venderse, significa traicionar (……) Pero serà­a una guerra a largo plazo, en la que el terrorismo llega a tu casa, a tu televisià³n, un poco como ocurrià³ en los primeros dà­as de guerra en 1994, cuando empezaron a aparecer actos terroristas que no tenà­an nada que ver con nosotros” asegurà³ en la entrevista con Julio Scherer (“Proceso” 1271).
El saldo de las acciones de dos de estos grupos -EPR y ERPI- constatan su posicià³n radical, pues según datos de un informe confidencial de la Secretarà­a de la Defensa Nacional (“Proceso” 1157), hasta el 16 de diciembre de 1998 habà­an muerto 10 efectivos del Ejà©rcito, cuatro de la Armada, 24 policà­as, tres civiles, 17 eperristas y 11 erpistas. Esto es, 69 muertos, además de 77 heridos, en combates soterrados.
Asà­, las últimas acciones tomadas por el EPR, EVRP y FARP refuerzan la advertencia de Marcos.
La aparicià³n de las FARP en el pueblo de San Francisco Xochimilco, el 8 de mayo del año pasado, fue violento. Una ráfaga de rifles de asalto AK-47 anuncià³ su irrupcià³n en la lucha armada. El 30 de abril ratificaron su posicià³n al colocar, a las 4 de la mañana, en el monumento a Rubà©n Figueroa (padre) en Huitzuco, Guerrero, una carga de explosivos que la policà­a desactivà³.
La asegunda aparicià³n y más reciente, en el pueblo de Felipe Neri, Morelos, el 14 de febrero, tambià©n estuvo acompañada por ráfagas de las AK-47 que llevan en ristre, aunque en esta ocasià³n hubo un representante -el “teniente Josà© Luis”- que manifestà³ su simpatà­a y apoyo por la caravana del EZLN, bajo la advertencia de que si los chiapanecos sufrà­an un atentado “tendrà­an una respuesta armada” de su parte.
El EVRP tambià©n operà³ con las armas desde su inicio. El 29 de noviembre de 1999 se adjudicà³ las explosiones en los almacenes de pà³lvora del Ejà©rcito mexicano en Santa Fe, ciudad de Mà©xico. Y el 15 de marzo del año pasado lanzà³ dos ataques con granadas de mortero: el primero a las 2 de la madrugada arremetià³ contra la base número 1 de Santa Lucà­a, Estado de Mà©xico, y una hora despuà©s contra el moderno edificio de cristales de la Policà­a Federal Preventiva (PFP) ubicado en Perifà©rico Sur.
Según informes de los propios guerrilleros, en el último “hostigamiento” murieron varios oficiales y la policà­a hizo un “montaje criminal” dejando dos morteros de fabricacià³n casera y granadas alrededor de la presa Anzaldo, cerca de las oficinas de la PFP, que al accionarse hirieron a dos menores.
Tres dà­as despuà©s, los efectivos del EVRP, en un comunicado, acusaron a la policà­a de intentar “hacer creer a la poblacià³n que los revolucionarios somos unos irresponsables y criminales”, ya que ellos habà­an recogido los artefactos con los que atacaron el moderno edificio de cristales.
A las 8 de la noche del 23 de julio del 2000, perpetraron una nueva ofensiva en contra la agrupacià³n policiaca, integrada en su mayorà­a por efectivos militares. En esa ocasià³n dispararon con metralletas de asalto a uno de los cuarteles que tienen en la delegacià³n Cuajimalpa.
El EPR, por su parte, parece que se ha reagrupado luego de las segregaciones que ha sufrido con la salida de sus militantes que han formado el ERPI, FVRP y la TDR.
En el editorial de su más reciente edicià³n de “El Insurgente”, insiste en su tarea de continuar la “guerra popular prolongada” como la và­a del cambio para el paà­s y a diferencia del EZLN plantea que la lucha indà­gena es parte de una liberacià³n más amplia.
“Desde nuestros orà­genes hemos desarrollado un trabajo en comunidades indà­genas, incluyendo Chiapas, por lo que tenemos el derecho y la obligacià³n moral de plantear una posicià³n bien definida (……) el indà­gena como parte del campesinado es un aliado estratà©gico del proletariado, nosotros el PDPR-EPR consideramos que no debemos reducir el discurso y la práctica solo a defender las comunidades indà­genas, sus idiomas, usos y costumbres; y sus decisiones, sino que debemos luchar por la liberacià³n de toda la sociedad, ya que los que no tenemos un bocado para comer, los obreros, estudiantes, maestros, mà©dicos sufrimos la misma explotacià³n que los indà­genas”.
Incluso, el grupo duro del EPR augura que la consecuencia de “reducir” el discurso y la práctica a las demandas indà­genas –“como lo han hecho algunos de nuestros pueblos hermanos” en referencia al EZLN–, “no tiene otra consecuencia que la derrota” y convocan a unirse “para desarrollar la lucha por la liberacià³n de los indà­genas ante la represià³n ejercida por el Estado”.

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