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El Argentinazo: Una primera aproximación a la rebelión popular

31. December 2001

de Nà©stor Kohan, Docente de la Universidad Popular Madres de la Plaza de Mayo

LA POLÍTICA EN LAS CALLES Y LA CRISIS DEL LIBERALISMO

A vos te puso el Fondo, chupete botà³n
A vos te puso el Fondo, chupete botà³n,
Te cortamos las rutas, te paramos el paà­s
Sos un hijo de puta, te tenà©s que ir…

(Cantito popular en columna sobre Diagonal Norte, acceso a Plaza de mayo)

Salta, salta, salta,
Pequeña langosta,
De la Rua y Menem son la misma bosta…

(Cantito popular en columna sobre Avenida de Mayo, rumbo a la plaza de mayo)

Alguien se acuerda? Poco antes de ganar las elecciones de 1999, el futuro vicepresidente Carlos Alvarez y Graciela Fernández Meijide (“el Chacho” y “Graciela” a secas, para el progresismo) martillaban una y otra vez los oà­dos populares con la consigna de que en Argentina ya no iba más la polà­tica en las calles. Reclamaban cerrar la campaña de la Alianza que llevarà­a a De la Rua como presidente por televisià³n sin recurrir a actos callejeros.

Escaso tiempo antes, el historiador Luis Alberto Romero (de la Universidad de Buenos Aires) habà­a cerrado una inmensa antologà­a de dos tomos sobre la historia de la ciudad de Buenos Aires con un capà­tulo final titulado sintomáticamente “El fin de la polà­tica en las calles”.

La misma tesis era defendida en su programa de TV por Mariano Grondona, mientras tomaba –emocionado- la mano de Lilita Carrià³ y de otros miembros del ARI (el partido cabeza del progresismo actual que tiene como lema “una República de Iguales”).

¿Cuál era la alternativa liberal entonces en danza? Manifestar la opinià³n individualmente y dentro de las instituciones mediante el voto, como ciudadanos-contribuyentes, sin caer en “el autoritarismo” de los que hacen polà­tica en las calles y desde posiciones de clase al margen de la Constitucià³n, el Parlamento o los tribunales.

RESIGNIFICAR EL ARGENTINAZO

A ver, a ver,
Quien maneja la batuta,
Si el pueblo unido
O el gobierno hijo de puta (yuta puta…)

(Cantito popular en barricada de acceso a Plaza de mayo)

Baila la hinchada baila,
Baila de corazà³n,
Sin radicales, sin peronistas
Vamos a vivir mejor…

(Cantito popular en columna que se dispersaba en el Obelisco frente a la represià³n policial)

Durante las jornadas del 19 y 20 de diciembre, en un abrir y cerrar de ojos, cuando la experiencia popular de unas pocas horas equivalen a muchos años y el tiempo se acelera vertiginosamente desafiando al reloj, esa prà©dica liberal y ese modo institucionalista de entender la polà­tica cayeron en el vacà­o. El liberalismo burguà©s quedà³ girando, aturdido, en medio del humo espeso de los neumáticos quemados y los incendios callejeros.

Los medios de comunicacià³n del sistema y todo el andamiaje polà­tico institucional argentino se abocaron inmediatamente despuà©s de las batallas callejeras a resignificar el carácter del conflicto, la intensidad de la represià³n estatal, la modalidad de la rebelià³n popular e incluso hasta la identidad misma de los protagonistas.

Para los medios gráficos del sistema (incluyendo a los “progres”) la fotografà­a central de tapa fueron las và­ctimas de la represià³n o el helicà³ptero de De la Rua huyendo de la Casa Rosada. Ninguno puso en primer plano a los trabajadores y a los jà³venes peleando en las calles. El enfrentamiento de la lucha de calles y la lucha de clases se esconde, se elude. Su lugar es reemplazado por la cuestià³n institucional de la sucesià³n presidencial.

Pero no sà³lo eso. Los medios tambià©n trataron de minimizar la incidencia de la rebelià³n popular, intentando convencer a todo el mundo de que De la Rua se tuvo que ir más por sus fallas en polà­tica econà³mica que por la lucha popular. Resumiendo: no fue el pueblo combatiendo en la calle el que lo echà³ por su propia iniciativa, sino que à©l simplemente… “se fue”. El intento de expropiacià³n de la rebelià³n popular no quedà³ limitado a las maniobras de los medios. Toda la dirigencia burguesa (incluyendo no sà³lo al Partido Justicialista y a la Unià³n Cà­vica Radical sino tambià©n a los “progres” del ARI, el FRENAPO y el CTA) intentà³ encaramarse mezquinamente sobre la rebelià³n y sacar provecho personal recorriendo presurosamente los canales de TV cuando ninguno de sus dirigentes puso el cuerpo en la lucha.

¿Dà³nde estaban los jerarcas del peronismo que hoy se refriegan las manos y se relamen con el botà­n de una lucha ajena? ¿Y Lilita Carrià³? ¿Y De Gennaro? ¿Y Horacio Verbitsky? ¿Y las dos CGT? ¿Dà³nde estuvieron? ¿Alguien los vio en las barricadas? ¿Alguien los vio tirándoles piedras a la policà­a montada a caballo o a los motociclistas policiales con itakas en la mano? ¿Alguien los vio apedreando a los grandes bancos y entidades financieras multinacionales? ¿Alguien los vio incendiando las camionetas de la empresa de correspondencia privada OCA hasta hace poco perteneciente al empresario Yabrán? En serio: ¿Alguien los vio?

¿BARBARIE O REBELIÓN DE MASAS?

¡Quà© boludos! ¡Quà© boludos!
El estado de sitio
Se lo meten en el culo…

(Cantito popular en Plaza Congreso)

Ya se acerca nochebuena,
Ya se acerca navidad
Pero el pueblo está en la calle
Y el gobierno ya se va…

(Cantito popular en Plaza de mayo)

El pueblo unido, jamás será vencido…
(Cantito Popular en avenida Corrientes, mientras era incendiado un local de Mc Donalds)

¿Caos? ¿Desorden? ¿Irracionalidad? ¿Locura colectiva? ¿Desmanes? ¿Barbarie? Esas palabras están resonando actualmente (al dà­a despuà©s de las jornadas de lucha) hasta el hartazgo por la radio y la TV. Obviamente no explican absolutamente nada.

El quiebre masivo de la propiedad privada de los grandes centros de distribucià³n comercial de mercancà­as, ¿no expresa nada? El costo de cerca de 30 millones de dà³lares (según estimaciones de las empresas de seguro) que las masas trabajadoras enardecidas cobraron al capital por todo lo que à©ste le exprimià³ durante las últimas dà©cadas, ¿no expresa nada? ¿Son “vandalismo” y “barbarie” o significan otra cosa? ¿Quà© obstáculos ideolà³gicos de clase impiden hacerse esas preguntas?

El tipo de luchas y el componente ideolà³gico de los sujetos sociales que desarrollaron esta rebelià³n popular de masas inà©dita en nuestra historia fue notoriamente diverso y matizado.

En el seno de este pueblo que se puso orgullosamente de pie convivieron desde sectores obreros que no fueron a trabajar y marcharon al centro de Buenos Aires y empleados de oficina ligados a la pequeñaburguesà­a que se fueron de sus trabajos hasta movimientos de trabajadores desocupados y estudiantes, todos entremezclados con vecinos, transeúntes y manifestantes dispersos. Ideolà³gicamente se cruzaron: (a) algunos sectores urbanos (hasta ahora) despolitizados que cantaban, con la olla y la sartà©n en la mano, “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” refirià©ndose a todos los polà­ticos… en general; (b) sectores del extremismo nacionalista, de origen autoritario y fuertes simpatà­as por la derecha peronista (en el caso de los punteros barriales) o incluso por militares represores con retà³rica “patriota” como Seineldà­n y (c) sectores de la izquierda revolucionaria que lograron superar el estrecho marco en que hasta ahora se movà­an alcanzando en la calle y en las barricadas influencia autà©nticamente de masas.

En cuanto al tipo de luchas y acciones, convivieron durante las mismas jornadas –repartià©ndose según los barrios más cà©ntricos o más perifà©ricos, tanto en la capital como en el interior del paà­s- (a) expropiaciones de comida de supermercados pertenecientes a grandes firmas concentradas que han crecido notablemente durante la última dà©cada menemista-delaruista; (b) saqueos a pequeños negocios barriales; (c) protesta callejera cortando avenidas, golpeando ollas y quemando basura en las bocacalles; (d) destruccià³n sistemática de bancos y entidades financieras pertenecientes a la burguesà­a argentina más concentrada y al gran capital; (d) quema de autos y camionetas (mayormente pertenecientes a grandes firmas locales como OCA); (e) destruccià³n de telà©fonos públicos pertenecientes a compañà­as españolas y francesas que se habà­an apropiado –quebrando una huelga telefà³nica a inicios de los `90- de la empresa argentina ENTEL; (e) destruccià³n de locales de comida rápida de factura internacional, sà­mbolos mundiales del american way of life (Mc Donalds). En todos estos tipos de lucha se generà³ invariablemente un enfrentamiento con las fuerzas de la policà­a federal y las policà­as provinciales.

En medio de tamaño mosaico de distintos tipos de acciones y de tan diversos componentes ideolà³gicos se produjo una evidente lucha por la hegemonà­a entre distintos proyectos polà­ticos. Allà­ disputaron desde sectores ligados a la derecha peronista y sus punteros de barrios (principalmente en las provincias y en el gran Buenos Aires) con agrupaciones y corrientes de izquierda anticapitalista que intentaron orientar las expropiaciones sà³lo hacia las grandes firmas capitalistas y las destrucciones callejeras producto de la ira popular sà³lo hacia los bancos, las empresas y los locales del gran capital.

Los medios de comunicacià³n del sistema recortaron esa realidad sumamente dinámica y contradictoria destacando en todo momento los componentes ideolà³gicamente más despolitizados y menos organizados. El objetivo de estos medios (incluyendo, insistimos, a los “progres”) ha sido el de reconstruir el consenso a favor del sistema y aceitar la hegemonà­a de los partidos institucionales del rà©gimen burguà©s, hoy en seria crisis de legitimacià³n. ¿Cà³mo se puede lograr esa meta? Pues resignificando las luchas callejeras y tiñiendo la rebelià³n popular con el color acusatorio del “caos” y el “desmán” irracional, asà­ como tambià©n destacando a grupos lúmpenes por sobre los trabajadores ocupados y desocupados en lucha. En el mejor de los casos, los medios han intentado conceder al pueblo en lucha un mà­nimo margen de racionalidad. “La gente” (nunca el pueblo, y mucho menos la clase…) habrà­a salido a la calle para pedir solamente un cambio de ministro y un cambio de presidente. El viejo gatopardismo: que cambie algo para que todo siga igual.

COMO SIEMPRE… EL EJEMPLO DE LAS MADRES

Madres de la Plaza,
el pueblo las abraza…

(Cantito Popular coreado por la multitud en Plaza de Mayo en medio de la marcha de las madres y la represià³n militar de la policà­a a caballo)

Las Madres de Plaza de mayo, como en los peores tiempos de la dictadura militar del general Videla, volvieron a poner su cuerpo en la lucha de calles, marchando en medio de las peores corridas, los gases más asfixiantes y la represià³n más sanguinaria que los radicales supieron siempre implementar desde los tiempos de la semana trágica y la Patagonia rebelde. No menos de diez banderas de las madres (las azules con el pañuelo blanco) marcharon alrededor de la pirámide aun durante los momentos más sangrientos de la represià³n, cuando la valiente policà­a a caballo argentina arremetà­a sin piedad contra mujeres que en gran parte superan los 65 años de edad (una de ellas tiene 90 años y fue derribada por la policà­a, mientras varias otras recibieron palazos, latigazos, gases lacrimà³genos y balas de goma).

¿Dà³nde estaban mientras tanto los grandes “estrategas” y los (supuestos) eruditos del marxismo que se cansaron de despotricar contra Hebe de Bonafini dándoles letra a los medios de comunicacià³n del sistema en su reciente campaña macartista contra las Madres? ¿Dà³nde estaban los marxà³logos que tanto desprecio mantuvieron y mantienen frente a todos los “plebeyos” que luchan sin seguir al pie de la letra los esquemas apolillados de sus catecismos de escritorio? Antes con pantuflas, ahora con sandalias (porque durante las jornadas de lucha hizo un calor tremendo…) estos personajes caricaturescos siguieron, como siempre lo han hecho, observando desde afuera –como si estuvieran en un laboratorio de quà­mica o fà­sica- el modo en que otros (los obreros, los estudiantes, los desocupados, los piqueteros y las madres) enfrentaron las balas, los gases y los latigazos de la policà­a.

No fueron los únicos. A pesar de que la Asociacià³n Madres de Plaza de mayo cumplià³ un papel que, sin temor a exagerar, no dudamos en calificar como heroico (algún medio de TV las filmà³ enfrentando a estos cosacos argentinos y esa imagen se retransmitià³ luego a gran parte del mundo…), algunos medios escritos nacionales invirtieron completamente la ecuacià³n y –tergiversando completamente lo ocurrido en la plaza de mayo- escribieron al dà­a siguiente que Adolfo Pà©rez Esquivel (premio Nobel de la paz), Estela Carlotto (oradora junto a Alfonsà­n en uno de los últimos actos del radicalismo) y otros miembros del FRENAPO (organizacià³n del progresismo argentino del que forman parte varios radicales que hasta ayer nomás fueron funcionarios del gobierno de De La Rua) habà­an encabezado la marcha. Hasta un estudiante de primer año de periodismo o comunicacià³n social puede darse cuenta que toda crà³nica periodà­stica es ideolà³gica y está bien que asà­ sea, pero, si el diario es mà­nimamente serio, esa ideologà­a no puede jamás conducir a publicar mentiras o a tergiversar en la crà³nica aquello que se pretende relatar.

Pero dejemos por un momento de lado las eternas manipulaciones de los demà³cratas argentinos (esos mismos que suspiraron con la Alianza y con De la Rua como una quinceañera enamorada como hoy lo hacen con Carrià³) para resaltar una nota color. Mientras las motos de la policà­a recorrà­an todas las avenidas del microcentro porteño disparando contra la multitud (llevando en cada motocicleta dos policà­as, el de adelante manejaba, el de atrás disparaba con su itaka, ambos con chalecos de bala y casco), el pueblo insumiso contaba con su propia “infanterà­a motorizada”: los motoqueros [empleados repartidores de correspondencia en motocicleta] que arremetà­an masivamente con motos y piedras contra los policà­as mientras enarbolaban al viento una inmensa bandera argentina dando aliento a la multitud que los aplaudà­a a rabiar. (Aclaramos rápidamente, para que ningún pusilánime y ningún mediocre nos acuse de “militaristas”, “foquistas” o “terroristas” que utilizamos la expresià³n infanterà­a motorizada en broma).

LOS HIJOS DEL CORDOBAZO

¡Quà© cagazo! ¡Quà© cagazo!
Echamos a de la Rua
Los hijos del cordobazo…

(Cantito popular en una barricada de acceso a plaza de mayo)

Sean eternos los laureles
Que supimos conseguir
Coronados de gloria vivamos
¡Oh juremos con gloria morir!
¡Oh juremos con gloria morir!

(Estrofas del himno nacional argentino cantadas durante todas las jornadas en diversos puntos)

Como sucediera hace tres dà©cadas atrás en tiempos del Cordobazo, estas jornadas fueron el emergente observable de un largo proceso previo aparentemente invisible. Acá no se expresà³ una explosià³n de “irracionalidad” inexplicable. Por el contrario, fue el punto de llegada de una larga acumulacià³n de piquetes aislados y luchas de calles fragmentarias.

El camino de las luchas de clases fue de lo fragmentario y puntual a lo nacional y global. Hasta ahora las protestas contra el capitalismo neoliberal habà­an venido desarrollándose de manera aislada. Incluso el santiagazo –uno de esos và©rtices durante el gobierno de Menem- no tuvo inmediata repercusià³n en otras provincias.

Por eso muchos apresurados y superficiales, como tambià©n hicieron en tiempos del cordobazo, decà­an que acá “no pasaba nada”. Importantes politicà³logos “democráticos”, con la autosuficiencia que los caracteriza, insistieron hasta el cansancio durante los últimos años con el latiguillo de que el pueblo argentino es pasivo y nunca pelea… La refutacià³n fue contundente. Y esta vez sà­ se logrà³ romper el muro infranqueable de la protesta aislada para alcanzar un plano de rebelià³n a escala nacional.

El principal escenario de esa rebelià³n multiplicada espacialmente al infinito revistià³ un carácter centralizado. Se combatià³ en la misma plaza de mayo, a metros de la casa de gobierno. ¿Hubiera renunciado De la Rua si los enfrentamientos hubieran sido únicamente en Jujuy o Cà³rdoba? Probablemente no.

No obstante las modas acadà©micas, principalmente de factura postestructuralista y posmoderna (ambas corrientes de amplia difusià³n en Francia) que han instalado entre nuestra intelectualidad la peregrina idea de que no hay que plantearse una estrategia para la toma del poder ya que “el poder no esta centralizado en ningún lado…”, la plaza de mayo sigue siendo, no sà³lo el sà­mbolo resumido de la lucha histà³rica popular en la Argentina, sino tambià©n el espacio centralizado en que se expresa la confrontacià³n con el poder polà­tico burguà©s y sus aparatos de represià³n. Eso no implica creer que los distintos territorios sociales del capital que atraviesan el conjunto de la sociedad civil argentina sean soslayables. Tampoco implica desconocer que las decenas de miles de hombres armados para la represià³n y la guerra (no tanto guerra externa entre estados-naciones sino principalmente guerra interna de clases) distribuidos a lo largo de toda la Argentina està©n únicamente concentrados en Plaza de Mayo. Creer eso serà­a ingenuo y hasta ridà­culo y tonto. Sin embargo à©sta última resume un espacio de poder simbà³lico que otorga inteligibilidad a la ferocidad con que los cuerpos represivos argentinos defendieron esa plaza durante estas dos jornadas de lucha.

UNA CRISIS ORGÍNICA

Ohhh, que se vayan todos,
Ohhh, que no quede, ni uno solo…

(Cantito popular en Plaza Congreso)

¿Adà³nde está?, ¿Adà³nde está?
La burocracia sindical…

(Cantito popular en Plaza Congreso)

Hay que saltar, hay que saltar,
El que no salta es militar…

(Cantito popular en Plaza Congreso)

¿Adà³nde está?, Que no se ve
Esa famosa CGT…

(Cantito popular en plaza de mayo)

Cuando tantos ex militantes quebrados y ex revolucionarios frustrados han hartado a quien quiera escucharlos con el prejuicio de que “la juventud actual está perdida” y otras payasadas semejantes, si hubo un protagonista central de estas jornadas ese fue la juventud. Una juventud sumamente combativa que no se siente representada por los partidos tradicionales del sistema ni tampoco por la burocracia sindical o las instituciones juveniles de la Iglesia.

Estamos viviendo una crisis orgánica, una crisis de hegemonà­a de la burguesà­a argentina en sus diferentes fracciones que combina la crisis econà³mica (el agotamiento de la convertibilidad, la recesià³n generalizada y la ausencia de un proyecto burguà©s estable y a largo plazo) con la crisis polà­tica del bipartidismo y su sistema de representacià³n polà­tica.

La mayorà­a de esas masas juveniles que pusieron el pecho a las balas policiales y que pelearon con todas sus energà­as en las barricadas del centro de la ciudad de Buenos Aires y tambià©n en el interior del paà­s no reconoce legitimidad ni autoridad a la vieja dirigencia polà­tica de nuestra burguesà­a. Se abre una oportunidad histà³rica para la izquierda revolucionaria argentina. Una oportunidad que no se habà­a visto en dà©cadas.

Como enseñà³ Antonio Gramsci, durante los perà­odos de crisis orgánica las clases sociales se separan de sus viejos partidos polà­ticos. Ese tipo de crisis pueden resolverse en un sentido revolucionario o pueden mitigarse las fuerzas en conflicto mediante la emergencia de una salida cesarista, es decir, mediante un liderazgo carismático de un proyecto que aparente estar “por encima” del conflicto social. La apelacià³n a la figura del Coronel Seineldà­n, defendida en la calle pocos dà­as antes del 19 y 20 de diciembre, puede constituir un ejemplo en ese sentido. Creemos que Seineldà­n no tiene –afortunadamente- fuerza para lograr imponer ese liderazgo carismático. El intento de compromisos parlamentarios entre el PJ y la UCR constituye tambià©n una forma moderna de cesarismo, ya que según Gramsci à©ste último no puede ser reducido únicamente al bonapartismo militar. Tambià©n incluye toda forma de compromiso que aparente estar por encima del conflicto polà­tico de clases. La izquierda revolucionaria argentina sà³lo podrá incidir con su iniciativa (abandonando todo carácter pasivo o expectante) si logra superar las reivindicaciones econà³mico corporativas y alcanza a conformar una alternativa integral, polà­tica pero tambià©n cultural, para las nuevas camadas de luchadores populares.

Pero atencià³n. La tremenda crisis econà³mica que vivimos y la crisis polà­tica que la acompaña no se resolverán de manera automática. Hace muchà­simo tiempo que Lenin (ese maldito innombrable para la Academia burguesa) demostrà³ que la mera existencia de la crisis jamás se resuelve en un sentido progresivo si no existe un fuerte componente subjetivo (y organizativo) de masas. Eso todavà­a nos falta. En eso somos dà©biles. Si bien es cierto que las luchas de calles no fueron absolutamente “espontáneas” tambià©n es innegable que no tuvieron una direccià³n polà­tica unificada. Pongamos un ejemplo bien concreto. Supongamos que las masas enardecidas hubiesen logrado superar en plaza de mayo a la policà­a ingresando por la fuerza a la casa de gobierno, a la casa rosada, ¿quà© hubiesen hecho…?

Hoy, en Argentina, los de abajo no quieren vivir más como hasta ahora y lo demostraron contundentemente en la calle. Pero todavà­a los de arriba pueden seguir viviendo asà­. Aunque cada vez pueden menos… Lo viejo no termina de morir. Lo nuevo no termina de nacer.

El resultado de la rebelià³n popular de masas, aunque insuficiente, fue exitoso. El 19 y el 20 de diciembre fueron dà­as felices. A pesar de que la represià³n radical-peronista (pues en varias provincias donde hubo muertos gobierna el PJ) dejà³ como saldo alrededor de 30 compañeros asesinados, estos dos dà­as de rebelià³n no fueron “tristes” como titularon al unà­sono los diarios del poder. Fueron dà­as de alegrà­a y de entusiasmo popular.

No debemos perder de vista que ES LA PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA ARGENTINA QUE UN PUEBLO EN LUCHA LOGRA DERRIBAR UN GOBIERNO. No los militares sino un pueblo en lucha. Eso solo constituye un hecho histà³rico que en ningún momento debemos soslayar.

¿Cà³mo seguir de aquà­ en más? La lucha será larga y será dura. Que nadie se confunda. Es cierto que el recambio de presidente no soluciona absolutamente nada. Además los servicios de inteligencia y la policà­a están desparramando en los barrios populares de las distintas provincias –sitiados militarmente durante las jornadas- que la gente del barrio aledaño “viene a saquear”, intentando asà­ enfrentar a pobres contra pobres, como hicieron durante los saqueos del `89. Tambià©n es verdad que la revolucià³n socialista argentina y la felicidad duradera de nuestro pueblo no están a la vuelta de la esquina. Es más que obvio. Pero está más cerca que antes. ¡Hemos avanzado y mucho!.

Como las Madres de Plaza de Mayo han venido insistiendo desde hace muchos años y lo reafirmaron en la última marcha de la resistencia y piquetera de hace apenas dos semanas, el camino, largo y difà­cil, seguirá siendo el de la rebelià³n popular, es decir, la lucha de masas en la calle. Una lucha que no es ni puede ser parlamentaria o institucional. Los hijos e hijas del cordobazo, esa nueva generacià³n combativa que comenzà³ a forjarse en estas jornadas de diciembre, será la encargada de llevar esa lucha y esa resistencia hasta el final.

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