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El ‘Procónsul’ Bremer

15. June 2003

Administrar Iraq como una empresa privada

Fuente: C.S.C.A

Casi dos meses despuà©s de que el ejà©rcito de EEUU se instalase en Iraq como fuerza de ocupacià³n, la designacià³n de Paul Bremer como hombre fuerte de la Administracià³n Bush se ajusta a los planes de reconvertir Iraq en un paà­s recolonizado en el que un grupo de tecnà³cratas y asesores estadounidenses `administrarán` Iraq como si de una empresa se tratase.

La llegada a Iraq el pasado 12 de mayo de Paul Bremen, designado por el presidente Bush para relevar al general Gardner en la tarea de recrear un nuevo modelo de Estado para el Iraq recià©n ocupado, confirma las perores expectativas para el futuro de este paà­s, por lo demás ya anticipadas por la Administracià³n Bush desde que pusiera en marcha su determinacià³n de invadir militarmente Iraq. Una vez desmoronado por la guerra el Estado iraquà­ y tras doce años de embargo, puede ahora EEUU (con el apoyo de sus aliados) poner en marcha el proyecto de recrear un espacio humano, geopolà­tico y econà³mico incomparable, en lo que constituye un reto sin precedentes en la historia del intervencionismo estadounidense que, lejos de limitarse al mero control militar y econà³mico de Iraq, pretende servir, además, de ejemplo y plataforma desde la que lanzar una amplia remodelacià³n polà­tica, econà³mica y cultural en el Oriente Medio árabe a la medida de los intereses neocoloniales estadounidenses. Como si se tratase de una gran empresa a la que ha habido que hundir previamente para sanearla y privatizarla posteriormente con el fin de obtener con ella grandes beneficios, la Administracià³n Buhs ha comenzado a operar poniendo al frente a un gestor, Paul Bremer, cuyo perfil ideolà³gico y profesional da cuenta de la dimensià³n y calado que tiene su tarea como administrador de Iraq.

Bremer: el `perfil civil` de la ocupacià³n

Su designacià³n como hombre fuerte de la Administracià³n Bush en el Iraq ocupado para sustituir al general Gardner al frente de la recià©n creada Oficina para la Reconstruccià³n y la Asistencia Humanitaria (ORAH) de Iraq, puso en pública evidencia la inoperancia de delegar en el stablishment militar estadounidense una tarea que, lejos de abarcar exclusivamente el control militar del paà­s, tiene como meta prioritaria y esencial establecer los mecanismos que operen de la manera más rápida posible a favor su transformacià³n econà³mica, polà­tica y social, todo ello a fin de instaurar en Iraq los resortes del capitalismo estadounidense y, con ello, explotar el paà­s en su beneficio dentro de la à³rbita de la economà­a globalizada.

Para ello, el primer nombramiento, el de Gardner, impulsado por el Departamento de Defensa, se evidencià³ poco eficaz, obligando a la Administracià³n Bush a efectuar un cambio imprevisto que, además de poner de manifiesto la escasa planificacià³n de la Administracià³n de EEUU para iniciar la organizacià³n de la posguerra en Iraq, supuso acabar aceptando las pretensiones del Departamento de Estado y nombrar -tal y como Powell requerà­a- a alguien con un perfil más pragmático y tecnà³crata, con experiencia y capacidad para poner en funcionamiento, con el apoyo combinado sobre el terreno de las tropas militares de ocupacià³n, los principios polà­ticos y econà³micos capitalistas en Iraq.

Además, el nombramiento de Bremer ha venido a satisfacer a los dos sectores de la Administracià³n Bush siempre enfrentados en la cuestià³n iraquà­: el Departamento de Estado y el Pentágono. Para el primero, Bremer representa a una figura asociada a la polà­tica exterior; formà³ parte del Departamento de Estado hasta 1989 y anteriormente fue designado para dirigir la “lucha contraterrorista” en el marco de la estrategia de “guerras de baja intensidad”, impulsada por la Administracià³n Reagan en los años 80. Igualmente, Bremer presidià³ la denominada Comisià³n Nacional sobre Terrorismo en el año 2000, desde la que intervino ante la Administracià³n Clinton como asesor antiterrorista, instando a la confrontacià³n con Siria, Irán y Sudán, en là­nea con sus recomendaciones de ejercer una accià³n exterior agresiva que despuà©s serà­a adoptada por la Administracià³n Bush a partir del 11-S. Principios como la abrogacià³n de las leyes que limitan el reclutamiento de personal para infiltrarse en las organizaciones denominadas terroristas y la recomendacià³n de que el Departamento de Defensa se convierta en la única institucià³n que dirija la guerra contra el terrorismo a nivel internacional fueron lanzados por Brenem [1].

Sus và­nculos con la à©lite de la clase polà­tica estadounidense se mezclan con los que mantiene con la clase econà³mica. Por ejemplo, y ello es paradigmático, fue el destacado promotor de la firma privada de asesoramiento que Kissinger creà³ en los años 90, de gran influencia sobre sucesivas Administraciones estadounidenses [2]. Por ello, el Departamento de Defensa ha hallado en Bremer un fiable representante de los intereses econà³micos que promueven los más altos oficiales de su departamento. Desde el 11-S, Bremer ha conectado directamente con el secretario de Defensa Rumsfeld, con el vicesecretario Wolfowich y con los asesores Perl o Rize, al vincular estrechamente un artificioso ideario sobre terrorismo y economà­a capitalista globalizada.

Lucha antiterrorista y capitalismo globales

Ambos conceptos se entrelazan en su más afamado estudio, Nuevos riesgos en los negocios internacionales [3], en el que Bremer defiende que la expansià³n de las polà­ticas de libre comercio “exige el despido de los trabajadores”, o que “los mercados abiertos al comercio exterior someten a una gran presià³n a las empresas tradicionales y a los monopolios comerciales, lo que conduce a una disminucià³n progresiva de los ingresos y a tensiones sociales que pueden tornarse en ataques contra las firmas estadounidenses por parte del terrorismo o en gobiernos que se opongan a las privatizaciones y a los incentivos comerciales”. Esta filosofà­a es la base de su compañà­a Crisis Consulting Practice, creada justo un mes despuà©s de los sucesos del 11-S, y que ha sido diseñada para “capitalizar la nueva atmà³sfera del miedo en las salas de juntas de las grandes empresas estadounidenses. Crisis Consulting Practice, una seccià³n del gigante de [las compañà­as de] seguros Marsh & MacLennan, (de la que Bremen es un alto directivo) se ha especializado en ayudar a las multinacionales a alcanzar `soluciones integradas y globales a las crisis`, desde ataques terroristas al fraude contable. Gracias a la estratà©gica alianza con Vesar, [firma estadounidense] especializada en las amenazas biolà³gicas y quà­micas, los clientes de ambas compañà­as reciben `servicios globales contraterroristas`. […]. En pocos meses, Bremer podrà­a estar vendiendo sus servicios en `seguridad antiterrorista` a cada una de las empresas [extranjeras] que reciba en Iraq”[4].

Con este perfil, no es de extrañar que Bremer se adecue al puesto que la Administracià³n Bush ha designado para quien tiene asignada la tarea de dirigir la reconstruccià³n de Iraq desde el principio del liberalismo econà³mico y bajo un sistema de ocupacià³n militar. Desde su llegada a Bagdad y apoyado por los oficiales del Comando Central estadounidense, Bremer ha comenzado a hacer frente a la insostenible situacià³n social que ha creado la invasià³n militar del paà­s promulgando decretos que pretenden regular los parámetros por los que se desarrollará no solo la reconstruccià³n de Iraq sino, igualmente, el modelo de participacià³n polà­tica de los iraquà­es en el proceso y, de manera muy sintomática, los principios regularán la creacià³n de un nuevo sistema polà­tico-econà³mico en Iraq.

La administracià³n militar y civil de Iraq

Tras la ocupacià³n, Iraq ha quedado sometido al control militar estadounidense, que ha dividido el territorio iraquà­ en tres regiones militares (Norte, Centro y Sur), a las que se ha asignado la participacià³n de fuerzas militares de los denominados aliados en la guerra. Además de Gran Bretaña, que tiene asignada la parte sur del paà­s con base en Basora, otros ejà©rcitos, como los de España, Australia, Italia y Polonia han asumido, bajo la autoridad del Comando Central estadounidenses, funciones militares, lo que convierte a esos ejà©rcitos en fuerzas de ocupacià³n efectivas y a sus Estados en potencias ocupantes. Mencià³n especial merece el caso de Polonia, reconocida por su apoyo a la invasià³n de EEUU con un nivel de participacià³n que no alcanza a ofrecer por sus limitados recursos y que ha motivado que solicite ayuda a terceros Estados (Bulgaria e Italia, entre otros, además de España) para que contribuyan a engrosar sus destacamentos. Ello ha sido el eslabà³n perfecto que ha permitido abrir la puerta para la intervencià³n directa de la OTAN, que en su reunià³n del Consejo Atlántico del 22 de mayo ya asumià³ apoyar a Polonia como miembro de la Alianza.

La divisià³n militar del paà­s en tres regiones opera tambià©n para su administracià³n civil en una denominada Autoridad Provisional de la Coalicià³n (APC), bajo el mando de EEUU y refrendada por el Consejo de Seguridad (CS) de Naciones Unidas (NNUU) en su resolucià³n 1483 que designa a EEUU como la Autoridad de Iraq [5]. La APC, sometida a Bremer como administrador civil y representante directo del presidente Bush, ha quedado subdividida en siete Direcciones [6], a cuyo cargo se han nombrado desde Washington un extenso grupo de asesores que de facto actuarán como à³rganos ejecutivos de un gobierno de ocupacià³n, es decir, como ministros. EEUU ha permitido que los paà­ses que apoyaron la invasià³n de Iraq designen un mà­nimo equipo de asesores que estarán al servicio de los estadounidenses en la ejecucià³n de la reconstruccià³n del paà­s. Las direcciones son estas:

– Direccià³n de Polà­tica de Asuntos Civiles, que incluyen Educacià³n, Polà­tica Exterior, Gobernacià³n, Sanidad, Justicia, Trabajo, Asuntos Sociales, Asuntos Religiosos y Juventud.
– Direccià³n de Polà­tica Econà³mica, que incluye Agricultura, Banco Central, Electricidad, Finanzas, Vivienda y Reconstruccià³n, Industria y Minerales, Irrigacià³n, Planificacià³n, Obras Públicas, Comercio, Transporte y Comunicaciones.
– Direccià³n de Polà­tica de Petrà³leo.
– Direccià³n de la Agencia de Desarrollo Internacional de EEUU (USAID), designada como una de las dos agencias estadounidenses que gestionarán la financiacià³n para reconstruccià³n de Iraq con capacidad para otorgar contratos a empresas. La otra es la propia ORAH.
– Direccià³n de Operaciones: que incluye a los asesores regionales y de gobernacià³n y a los equipos de Apoyo para la gobernacià³n.
– Direccià³n de Seguridad: que incluye Aduanas, Inmigracià³n y Policà­a.
– Direccià³n de Prensa y Asuntos Públicos.

Además, siguiendo las directrices de la resolucià³n 1483, se ha puesto en marcha el establecimiento de un Consejo de Coordinacià³n Internacional presidido, por nombramiento directo de Bremen, por el ex viceprimer ministro de Polonia Marik Belka (de nuevo reconocido por su apoyo a la invasià³n) y que tendrá responsabilidades en la “coordinacià³n con los donantes bilaterales, las ONG y NNUU” para la reconstruccià³n de Iraq. Este Consejo está sometido igualmente a la APC y debe informar a Bremer de sus labores.

¿Un gobierno iraquà­?: el `Consejo Asesor Interino`

Si durante los meses previos a la invasià³n, la Administracià³n Bush ya habà­a descartado nombrar un gobierno en el exilio (como pretendà­an algunos de los grupos de la oposicià³n mercenaria iraquà­ [7]), durante las primeras semanas de la ocupacià³n quedà³ claro que EEUU no iba a implantar un gobierno autà³ctono, desechando con ello definitivamente el modelo afgano. La convocatoria de Gardner para una reunià³n nacional de las fuerzas de oposicià³n ahora denominadas “Grupo de los Siete” (integrado por las dos formaciones mayoritarias kurdas PDK y UPK; el Congreso Nacional Iraquà­, CNI, de Chalabi; el Acuerdo Nacional Iraquà­, ANI; el Consejo Supremo de la Revolucià³n Islámica de Iraq, CSRII; Al-Dawa y el Movimiento de la Reconciliacià³n Nacional Iraquà­, MRNI, de Ellad Allawi) que deberà­a haber servido supuestamente para crear un “gobierno interino” bajo la supervisià³n de EEUU, fue inmediatamente desconvocada por Bremer tras su llegada a Iraq.

En su lugar, el nuevo administrador ha determinado, para chasco de los opositores aliados de Washington, que no habrá representacià³n iraquà­ mientras dure la ocupacià³n de Iraq, por el momento indefinida. Bien al contrario, Bremer se ha apoyado precisamente en lo establecido por la resolucià³n 1483 del CS de NNUU (cuyo texto es de factura estadounidense, obviamente), que legitima la ocupacià³n de EEUU del paà­s, para configurar una Administracià³n Interina Iraquà­ que habrá de designar un Consejo Asesor Interino (en lugar de un gobierno interino elegido entre el “Grupo de los Siete”, como se habà­a anunciado en las semanas anteriores) cuyas funciones no irán más allá del asesoramiento sobre la idiosincrasia del pueblo iraquà­. Es decir, ninguna funcionalidad expresa, ningún poder real. Según fuentes oficiales estadounidenses, esta decisià³n de rebajar la participacià³n polà­tica de los grupos iraquà­es alimentados en los diez últimos años por Washington a un mero consejo asesor se debe “al fracaso de esos grupos en transformarse a sà­ mismos en organizaciones unitarias y eficientes. [] Les dimos una oportunidad. Financiamos a algunos de ellos. Pero simplemente no han sido capaces de llegar a actuar unitariamente. Son unos aficionados” [8].

Para el “Grupo de los Siete” la explicacià³n de Bremer de que “no representan al paà­s” [9] supone “una regresià³n de lo que la Administracià³n Bush habà­a prometido”. Solo legitimados por quien les financià³, organizà³ y ahora les abandona, el “Grupo de los Siete” tomà³ por fin una decisià³n conjunta: no participar en el Consejo designado por Bremer [10]. Habrá que esperar para ver si son capaces de mantenerla. Por el momento, tanto el PDK, la UPK, el CNI como, especialmente, el CSRII han respondido muy negativamente a la orden de Bremer de desarmar a sus formaciones que, en el caso del CNI, Chalabi habà­a presentado ya como el “embrià³n del nuevo ejà©rcito de Iraq”.

Paralelamente, tanto dichos grupos (que se abrogan una falsa legitimidad en el interior de Iraq) como EEUU y la APC siguen obviando y silenciando, la existencia de la oposicià³n histà³rica y patrià³tica iraquà­ integrada en la coalicià³n Alianza Nacional Iraquà­ (ANI), que es abiertamente contraria a la ocupacià³n, algunos de cuyos sectores están siendo perseguidos en el interior y a cuyos dirigentes en el extranjero no se les ha permitido retornar al paà­s ponià©ndoles impedimentos todos los paà­ses fronterizos de Iraq, desde Siria e Irán hasta Jordania pasando, obviamente, por Arabia Saudà­ y Kuwait.

Habiendo dejado claro que EEUU no se irá de Iraq sin haber operado previamente una profunda transformacià³n en el paà­s, Bremer ha condicionado el establecimiento de un gobierno autà³ctono a la celebracià³n de elecciones, para lo cual la aún no creada Administracià³n Interina deberá llevar a cabo una labor ejecutiva que reordene el espacio polà­tico iraquà­ y que promulgue una nueva constitucià³n [11].

Mientras el administrador Bremer subrayaba en Bagdad que “promoveremos un amplio debate polà­tico” para elaborar esa nueva constitucià³n [12], la prensa estadounidense ya habà­a filtrado semanas atrás que la Administracià³n Bush habà­a designado a Noah Feldman, un judà­o ortodoxo estadounidense de 32 años, experto en Derecho Islámico y profesor asistente de la Universidad de Nueva York, como el responsable de elaborar una nueva Constitucià³n iraquà­ [13]. La humillacià³n que esta designacià³n supone para Iraq y para los árabes en su conjunto ha sido certeramente expresada por Edaward Said: “[Noah Feldman] nunca ha ejercido el Derecho en el mundo árabe, nunca ha estado en Iraq y no parece tener ningún antecedente práctico relacionado con el Iraq de posguerra. ¡Quà© ofensa a cara descubierta no solo para Iraq sino para las legiones de árabes y musulmanes formados en el Derecho que podrà­an haber hecho un trabajo perfectamente aceptable al servicio del futuro de Iraq! Pero no, EEUU quiere que sea llevado a cabo por un joven compatriota, de modo que pueda decir `nosotros hemos dado a Iraq su nueva democracia` ” [14].

`Ley y orden` y desbaazizacià³n

Desde su primera comparecencia pública tras su llegada a Iraq el 12 de mayo, Bremen identificà³ como prioridades de su labor restaurar “la ley y el orden” cuya ausencia atribuyà³ al rà©gimen anterior: “Sadam liberà³ a más de 100.000 presos el pasado octubre. Muchos eran presos polà­ticos pero muchos eran presos comunes, criminales violentos. Ha llegado la hora de que los criminales vuelvan a la cárcel. Y allà­ es donde les meteremos. En las últimas 48 horas hemos detenido a unos 300 criminales” [15].

Seguidamente autorizà³ a las tropas estadounidenses en Bagdad a disparar contra quienes cometieran pillajes en las calles. Igualmente, tras ratificar el decreto promulgado por el general Tommy Franks el pasado 16 de abril por el que se ilegalizaba al Partido Ba`az, anuncià³ nuevas medidas para su aplicacià³n que empezaron ejecutarse al dà­a siguiente, 16 de mayo. En primer lugar, la disolucià³n total de sus estructuras y la prohibicià³n expresa de que ningún militante baazista pueda volver a ocupar ningún puesto en el sector público. Igualmente, en esa direccià³n se procedià³ a desmantelar los ministerios de Defensa, de Interior y de Informacià³n, asà­ como la expulsià³n del grueso de los cuadros tà©cnicos y funcionarios de aquellos ministerios y agencias estatales por haber estado vinculados al partido único del anterior rà©gimen iraquà­.

Esta decisià³n, no obstante, ha desencadenado un problema añadido, al que la Administracià³n de ocupacià³n todavà­a no ha sido capaz o no ha tenido voluntad de dar respuesta: se calcula que más de 500.000 funcionarios, militares y civiles, estaban afiliados al Partido Ba`az, cuyas bases totales se calculan en 14 millones. Ello supone excluirlos no solo de la posibilidad de seguir con su empleo sino de percibir los salarios impagados que desde el mes de marzo les debe la Administracià³n de ocupacià³n a la mayor parte de los funcionarios públicos iraquà­es, lo que ha generado un mayor empobrecimiento de millones de familias iraquà­es [16].

En una situacià³n de extrema precariedad generalizada y a la vista de los despidos masivos que ese decreto ponà­a en marcha, más de 3.000 soldados y oficiales iraquà­es se manifestaron el 2 de junio ante la oficina de la Administracià³n de ocupacià³n para denunciar la situacià³n de desempleo en que la orden de Bremer les sitúa, para exigir el fin de la ocupacià³n militar estadounidense y amenazar con resistir a la ocupacià³n por medio de la violencia armada. Ante el peligro emergente de que se produjera una explosià³n de peor control que la ya generada en los dos meses de ocupacià³n, la APC prometià³ un encuentro con los manifestantes para el dà­a siguiente. Sin embargo, ese mismo dà­a, en rueda de prensa, Bremer dejà³ públicamente zanjada la cuestià³n:

“Estamos trabajando duro para establecer un Nuevo Ejà©rcito Iraquà­ -el sucesor del ejà©rcito del anterior rà©gimen. Ello ofrecerá empleos a cientos de esos iraquà­es que formaron parte de los servicios armados previos, no para servir al rà©gimen como baazistas sino para alimentar o proteger a sus familias. Empezaremos a contratar a hombres desmovilizados la semana que viene para que ayuden a limpiar las instalaciones de entrenamiento para los nuevos miembros del Ejà©rcito Iraquà­ antes de que acabe este mes. Estamos buscando otros medios de estimular la economà­a y espero que podamos hacer algunos anuncios más las prà³ximas semanas sobre estos proyectos.”[17]

El 3 de junio, Bremer prometià³ pagar a los funcionarios del Ministerio de Informacià³n, al personal de las fuerzas armadas iraquà­es y a otros empleados del gobierno un despido de 20 dà³lares (equivalente al salario de un mes) y se comprometià³ a reclutar, para asistir en las mencionadas tareas de limpieza, a un máximo de 100.000 hombres de entre el personal militar que formaba parte de las estructuras del Estado de Iraq. Aún asà­, otros 400.000 funcionarios han pasado a engrosar las listas de desempleo.

El hecho de que más de un 30% de los trabajadores iraquà­es dependieran bajo el anterior rà©gimen de empleos en un sector público indisolublemente ligado a las estructuras del gobierno baazista, unido a la elevadà­sima tasa de desempleo ya crà³nico por los doce años de embargo, sitúa a más de la mitad de la poblacià³n activa de Iraq en situacià³n tà©cnica de paro cuyo potencial desestabilizador hay que neutralizar y para lo cual Bremer anuncià³ un paquete de 70 millones de dà³lares destinados a ejecutar un programa de desarrollo comunitario con el fin de restaurar los servicios municipales básicos en las grandes ciudades (recogida de basuras, rehabilitacià³n de edificios públicos como escuelas, hospitales, y oficinas públicas destruidos por la guerra) [18].

Desmantelar los servicios públicos

El pretexto de la desbaazizacià³n del paà­s sirve realmente a la Autoridad de ocupacià³n como mecanismo para imponer las primeras transformaciones en los sectores públicos del Estado iraquà­, que conducirán sin duda a su progresiva privatizacià³n previo proceso de reconstruccià³n por las empresas estadounidenses. Asà­, por ejemplo, el sector sanitario desmoronado por los doce años de sanciones y mantenido en pie solo por el tesà³n de sus profesionales y personal laboral, está siendo igualmente purgado de sus cuadros tà©cnicos, no solo en el ministerio de Sanidad sino, lo que es más revelador, en los propios hospitales, donde directores, especialistas, doctores y personal sanitario han comenzado a ser despedidos por supuestas y no probadas vinculaciones con el Partido Ba`az. Igualmente, las APO , desde el ministerio de Sanidad, habrà­a comenzado a dar instrucciones a las nuevas direcciones de los centros hospitalarios para iniciar un proceso de privatizacià³n cobrando las medicinas y algunas intervenciones.

Mientras Iraq sigue sometido a una ocupacià³n militar fruto de una invasià³n ilegal, los servicios básicos del paà­s siguen sin restaurarse. A la acuciante falta de suministro elà©ctrico y de agua potable, se une en las ciudades más importantes la desproteccià³n generalizada de sus gentes. La llegada y distribucià³n de và­veres del Programa de NNUU “Petrà³leo por alimentos”, que el Estado de Iraq habà­a comprado y pagado en la fase anterior, han sido finalmente autorizadas por los ocupantes despuà©s de haber permanecido retenido el cargamento durante más de tres meses, antes de que comenzara la guerra, en la frontera jordana.

Sin embargo, el desmoronamiento tras la guerra del sistema de distribucià³n público (que dependà­a en su ejecucià³n eficaz del anterior gobierno iraquà­ y en su supervisià³n de NNUU) y la ausencia de establecimiento de un mecanismo alternativo ha significado que las autoridades de ocupacià³n hayan tenido que recurrir a los antiguos almacenes de distribucià³n como única và­a para la distribucià³n de los và­veres. Pero ante la descomposicià³n de la cadena de distribucià³n y ante la falta de supervisià³n de NNUU y de las fuerzas de ocupacià³n, los productos han comenzado a comercializarse, de manera que un sistema público y asistencial básico que operaba bajo la organizacià³n de la cartilla de aprovisionamiento y que garantizaba la adquisicià³n prácticamente gratuita de productos básicos, esenciales para la mayor parte de la poblacià³n iraquà­, se ha convertido en un mercado al que solo podrán acceder quienes tengan recursos suficientes. Con ello, la anunciada catástrofe alimentaria con que las agencias estadounidenses y de NNUU se afanaban en alarmar en los dà­as previos a la guerra y durante la invasià³n, cuando no existà­an evidencias de que fuera a producirse de manera inmediata por el acopio de alimentos que los iraquà­es habà­an llevado a cabo gracias al adelanto de seis cupones mensuales desde diciembre de 2002 por parte del gobierno iraquà­, se convertirá, por efecto del abandono de las fuerzas de ocupacià³n y por la falta de supervisià³n de NNUU en una crisis real asociada no a la carencia de alimentos en el paà­s sino a la comercializacià³n descontrolada de los mismos.

El pasado 10 de junio, la APC anuncià³ finalmente la puesta en marcha de algunos proyectos para la reconstruccià³n del paà­s. Según Brenem, cien millones de dà³lares (liberados de las cuentas congeladas iraquà­es que EEUU retenà­a en Iraq desde 1991) se invertirán en breve para “relanzar la economà­a en el sector público iniciando proyectos de reconstruccià³n” [19]. Cada regià³n administrativa (Norte, Central y Sur) recibirá 15 millones de dà³lares para “proyectos urgentes” no especificados; otros 20 millones se destinarán para la rehabilitacià³n de edificios ministeriales (los mismos que bombardearon en marzo los aviones estadounidenses); y 35 millones se destinarán para “proyectos de obras públicas incompletos”.

`Cà³digo de conducta` para la prensa

Bajo el sobrenombre de Cà³digo de conducta, Paul Bremen decretà³ el pasado 4 de junio imponer una regulacià³n a los medios de comunicacià³n iraquà­es, especialmente a la prensa escrita, que están proliferando en Iraq y cuyos contenidos y editoriales mantienen no solo una permanente denuncia por el modo en que las fuerzas de ocupacià³n están llevando a cabo la administracià³n del paà­s, sino una mayoritaria y explà­cita oposicià³n al mantenimiento de la presencia militar estadounidense, llamando incluso, algunos de ellos, a la organizacià³n de la resistencia. Mientras los profesionales de la prensa han tomado muy negativamente la regulacià³n de la libertad de prensa, la APC ha situado la cuestià³n amparándose en que “no hay espacio para odiosos y desestabilizadores mensajes que destruirán la emergente democracia en Iraq” [20].

La cuestià³n de la regulacià³n de los medios y de la libertad de prensa ha desvelado un nuevo ejemplo de la descoordinacià³n que reina en el Iraq ocupado: mientras la APC anunciaba el establecimiento de un nuevo cà³digo regulador cuyos contenidos, por cierto, no se han revelado todavà­a, el Departamento de Estado de EEUU habà­a reunido en Atenas a un equipo de asesores mediáticos para planificar el desarrollo de la prensa en Iraq [21].

Notas:

1. Chris Suellentrop, C.: “Paul Bremer: Can he bring peace to Iraq and the Bush administration?” May 22, 2003, difundido en http://slate.msn.com/id/2083485
2. Sobre las vinculaciones de Bremer con los sectores polà­ticos y econà³micos estadounidenses, và©ase: Berkowitz, B.: “Bremer de Iraq: un especialista en contraterrorismo y en el manejo de crisis corporativas encabeza la reconstruccià³n de Iraq” (Bremer of Iraq: Counter-terrorism and corporate crisis management specialist heads Iraq`s reconstruction, difundido en www.workingforchange.com/article.cfm?itemid=14966
3. Bremer, P.: “Nuevos riesgos en los negocios internacionales”, noviembre, 2001 (en inglà©s “New Risks in International Business”). Citado en Klein, N.: “Downsizing in Disguise”, www.thenation.com/doc.mhtml?i=20030623&s=klein. El informe completo puede verse en inglà©s en www.mmc.com/views/autumn_01_bremer.shtml
4. Referencia anterior.
5. Và©ase en CSCAweb: El Consejo de Seguridad `legitima` la ocupacià³n de Iraq y ratifica la administracià³n colonial de EEUU sobre el paà­s
6. Citado en Nota de prensa del Departamento de Desarrollo Internacional de Gran Bretaña, de 2 de junio de 2003, en www.dfid.gov.uk/News/PressReleases/files/iraq_update37_2june03.html
7. Và©ase en CSCAweb: El reparto de poder en el futuro de Iraq tras la guerra divide de nuevo a los opositores iraquà­es y EEUU y Gran Bretaña vuelven a convocar en Londres a una enfrentada oposicià³n iraquà­ para diseñar el futuro de Iraq tras la guerra y ocupacià³n del paà­s
8.- The Washington Post, 8 de junio de 2003.
9.- The Washington Post, 8 de junio de 2003.
10. Reuters, 7 de junio de 2003.
11. Rueda de prensa de Bremer, 2 de junio de 2003. Difundido por el Departamento de Defensa de EEUU en www.defenselink.mil
12. La razà³n por la que no se lo he dicho al pueblo iraquà­ es que estoy consultando con el pueblo iraquà­ [sic] precisamente sobre la cuestià³n de quià©n debe escribir la constitucià³n. Estamos intentando tener un [base amplia]. […] alcanzar un punto en el que podamos tener una convencià³n constitucional con representantes de todos los estratos de la sociedad iraquà­ que puedan producir un borrador creà­ble. Este proceso llevará mucho tiempo” (referencia anterior).
13. The New York Times, 11 de mayo de 2003.
14. Said, E.: “The Arab Condition”, en Al Ahram Weekly, 22 a 28 de mayo de 2003, núm. 639.
15. Comparecencia de Brenem ante la prensa el 15 de mayo de 2003. Difundido por el Departamento de Defensa de EEUU en www.defenselink.mil/transcripts/2003/tr20030515-0186.html
16.- Và©ase la crà³nica de Pedro Rojo “El tapà³n de la economà­a iraquà­”
17. Rueda de prensa de Bremer, 2 de junio de 2003. Difundido por el Departamento de Defensa de EEUU en www.defenselink.mil
18. Radio Free Europe, RL News Line Vol. 7, no. 104, Part III, 4 June, 2003.
19. Daragahi, B. : “Occupiers propose Iraqi media `code of conduct`”, 4, June, 2003, difundido en http://www.salon.com/news
20. Reuters, 10 de junio de 2003.
21. Mike Furlong, asesor de la APC en declaraciones a Associated Press, el 4 de junio de 2003.

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